Allá sobre las 10, 40 horas paramos a desayunar a la entrada de uno de esos pequeños pueblos navarros donde a veces no hay ni bar y a estas horas ni gentes, eso pensamos y a la entrada de uno vaciamos las mochilas en busca de algo que llevarse a la boca. Decido luego adelantarme un poco y les digo que ya me pillarán, más adelante encuentro a una mujer Raquel, de Xeréz de la Frontera y otro poco más adelante ella reconoce a otro peregrino, Jerónimo, bilbaíno,que conocía del día anterior, paramos en Villaba, cuna de Induráin y con la sed del camino damos cuenta de unas cervezas y un pincho antes de continuar a Pamplona, fin de la etapa, inesperada para mí que quería seguir más adelante pero que ante la insistencia de Jerónimo desisto. Parece un buen conocedor del Camino y me dejo entonces guiar y disfrutar juntos.
En Pamplona él propone un albergue muy bonito custodiado por unas encantadoras mujeres alemanas, una casita pequeña (parece de chocolate)extramuros de Pamplona, donde el río, y donde a la noche las ranas nos darán una buena sinfonía.
El albergue es estupendo, limpio, económico y con desayuno y las mujeres maravillosamente entrañables.
tomar cervezas, merendar y dar cuenta de un pacharán, además de disfrutar del hermoso día y del previo a San Fermín, todo maravilloso, nos reímos un montón, Jerónimo, Raquel, Enrique y yo mismo, haciendo ya un grupo entre nosotros desde ese momento, pues en el Camino al final se nos pudo unir Enrique y en el Al bergue nos dieron una habitación para los cuatro de literas.
A las 22 horas cierran el albergue y allí estuvimos para dormir y en compañía de las ranas ( la noche tras las copas me pareció africana total).
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